Sobre mí

Mi nombre es Javier Villar. Soy oriundo de Santo Domingo de la Calzada, una pequeña ciudad riojana, casi en la frontera con la provincia de Burgos. Diré sin un ápice de vergüenza a quien pregunte que soy políglota, debido a que cuento el castellano como mi lengua materna, hablo fluido en inglés y catalán (si bien en este último soy autodidacta, y no soy el mejor escritor de la historia), y puedo argumentar ciertos conocimientos de francés.

Fui alumno del doble grado en Matemáticas e Ingeniería Informática de la Universidad de La Rioja, y tengo la suerte de contarme entre su personal docente en la actualidad.

Durante los últimos años, me he centrado en la rama de la Lógica Formal dedicada a la construcción de software de verificación formal, particularmente lo que se llama la Teoría Homotópica de Tipos. Esto es, diseñar lenguajes de programación orientados a replicar de la forma más cercana posible el cómo escribimos las matemáticas, de tal forma que podamos “explicar” nuestros argumentos a un ordenador para que busque fallas automáticamente; definir de forma precisa un resultado que esperamos a efectos de que una IA complete una demostración, y que podamos garantizar su corrección; ó atacar el problema inversamente, y usar las Matemáticas para analizar de forma precisa el comportamiento de un ordenador, buscando errores de programación de forma más eficiente.

En la actualidad, sin embargo, si se me pregunta diré que soy de IA desde pequeñito. Ahora mismo, soy investigador en formación del área de Inteligencia Artificial, (havia de passar, com diria la Fúmiga), además de estar completando el Máster en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático de la UniRioja.

He sido participante en congresos nacionales e internacionales, aunque realmente aquellas ponencias que más placer me han dado han sido las que pude realizar en el Seminario Permanente de Actualización en Matemáticas de la Universidad de La Rioja como alumno, gracias a la amabilidad de la doctora Judit Mínguez (puede encontrárseme en la página de contribuciones pasadas); y mis múltiples participaciones con microscharla en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Matemáticas (en las ediciones XXIII, XXIV y XXV), en línea con mi compromiso con la divulgación en Matemáticas.

En relación con la divulgación, he tenido la suerte durante más de cinco años de poder contarme entre los números de la Asociación Estudiantil Vaya Primos de divulgación en Matemáticas, además de haber sido su primer secretario. Con mis compañeros y compañeras, nos hemos dedicado a la promoción de nuestra disciplina entre los alumnos de secundaria de la región; así como participado en actividades de ámbito nacional, incitando al estudiantado de Matemáticas de otras regiones a seguir nuestro ejemplo.

Si bien podría enlazar los varios premios que hemos recibido, entrevistas en la prensa, ó las ocasiones en las que se nos ha mencionado como referentes; creo que el mejor testamento y mayor servicio que puedo hacer es mencionar que Vaya Primos sigue funcionando, que cada año recluta más gente entusiasmada con lo que hacemos, y que se nos puede contactar para que hagamos una incursión en tu ciudad, actividad cultural ó centro escolar.

Sobre esta página

A riesgo de que suene terriblemente pretencioso, y con pleno conocimiento de que el dominio de esta página no es terriblemente descriptivo, el mapa de Hurewicz es una expresión que llevo unos cuantos años usando para referirme a mis cuadernos de notas.

Es lo que se podría llamar un “chiste”, aunque uno que pierde algo de su gracia en el proceso de traducción. Aún con el riesgo de que explicar un chiste implica que haga todavía menos gracia, creo que es representativo de la misión que quiero tenga esta página.

En inglés, “Hurewicz’s map” se traduciría de forma más literal como “la aplicación de Hurewicz”, en referencia a un teorema clásico de la Topología Algebraica. Sin entrar en excesivo detalle, la aplicación de Hurewicz (el homomorfismo de Hurewicz, más bien), entre otras cosas, toma la información de los enroscados caminos que se pueden dibujar dentro de un cierto espacio, y la transforma en otra distinta, que tiene más que ver con cómo formas rectas y sencillas se deforman para enmarañarse en esos mismos recovecos.

Si bien esta es más una interpretación poética que la realidad, la primera imagen mental que me hice de este proceso cuando leí el enunciado hace años, era sobre cómo el testimonio de una valiente curva, que se había adentrado en las profundidades de los agujeros de una variedad y vuelto para contarlo, podía usarse para construir el andamio de una estructura más “rígida”, una miríada de propuestas sobre dónde clavar vértices y trazar arcos. Lo imaginé como algo más similar a lo que hoy llamaría una triangulación, tomando las historias de pequeñas hormigas que habían cruzado cada lar de la compleja forma, y empleándolas para edificar una estructura más racional.

En esencia, cuando pienso en mi blog, pienso en una ocasión de repasar los caminos andados, y crear, en retorspectiva, un mapa que señale aquellos senderos que a uno le gustaría haber caminado. Se puede esperar que hable sobre mis experiencias aprendiendo de forma autodidacta contenido fuera de nuestro programa de estudios (para mayor frustración de mi entorno, que me observaba procrastinar la carrera a base de estudiar cosas “de la carrera”); las vueltas que he dado para, por causas fuera de mi control, acabar donde comencé; mi coqueteo decenal con la Filosofía y la Economía; mis ganas de escribir por escribir; retrospectivas del final de cada año; y todo aquello que vaya surgiendo entre estos temas.